Conseguí una entrevista en Ogilvy mintiendo en mi CV. Me fue mal. Me escribieron igual. Y nunca volví a responder.
Esa cobardía fue el error más caro de mi carrera temprana. No la mentira. El silencio.
Dos horas de colectivo para llegar al centro del universo
Era 2011. Tercer año de Publicidad en la Universidad de Morón.
Mandaba CV a cualquier empresa que arrancara con "Agencia de". Sin filtros. Sin estrategia. Con la energía de quien no tiene nada que perder y tampoco sabe bien qué está buscando.
Hasta que me llamaron de Ogilvy & Mather.
Me tomé el 96 hasta Liniers. Combiné con el 106. Caminé ocho cuadras por Arévalo hasta la esquina con Costa Rica, en pleno Palermo Hollywood. Arévalo 1810. Dos horas desde La Matanza para llegar a lo que, en ese momento, era el centro del universo publicitario para mí.
Subí al piso 4. Se abrió la puerta.
Plantas. Auriculares. Pantallas Mac por todos lados. Todo Apple. Yo no entendía nada de lo que estaba viendo. Mi corazón me gritaba que saliera corriendo. Mi cabeza me dijo: no lo arruines.
Lo que puse en el CV y lo que era verdad
Me recibió Ramiro Araujo, líder del área de innovación. Buscaban a alguien para gestionar newsletters.
En mi CV decía: inglés nivel intermedio, experto en HTML, estudiante de publicidad, estudioso del método Ogilvy.
Solo los últimos dos eran ciertos.
Ramiro arrancó directo: estaban construyendo newsletters con divs y necesitaban migrar a tablas. ¿Podía ayudar?
En mi cabeza: ¿qué es un div?
Mi única experiencia con HTML había sido un trabajo práctico del polimodal. Saqué un 8. No exactamente el perfil de "experto" 😅.
Se dio cuenta enseguida. Después me tiró unas frases en inglés. También se dio cuenta de eso. Me hizo un par de preguntas salvavidas —de esas que te dan una última chance para remontar— y yo, con el lado racional apagado y el modo supervivencia activado, hice lo que pude.
Me fui convencido de que no había quedado.
El mail que no me esperaba
Dos horas de colectivo de vuelta. El 55 hasta San Justo, y de ahí lo que viniera hasta Isidro Casanova. Llegué triste, pero sin demasiadas expectativas: lo había tomado como un ensayo. Un ensayo que, por alguna razón, había sido en la agencia de mis sueños.
Abrí la computadora.
Había un mail de Ramiro.
Le había gustado mi perfil. ¿Estaba interesado en continuar el proceso?
Eso fue, sin exagerar, uno de los momentos más felices de mi vida hasta ese entonces. Respondí que sí de inmediato.
El silencio que vino después
Pasó una semana. Nada.
Un mes. Nada.
Un trimestre. Nada.
Y yo, esperando.
Nunca volví a escribirle a Ramiro Araujo. Ni una vez. Ni para preguntar cómo seguía el proceso, ni para pedir feedback, ni para mantener el vínculo. Nada.
Hoy lo busqué en LinkedIn mientras escribía esto. Está en WHS Inc. Ahí está, a un mensaje de distancia. Como siempre estuvo.
El problema nunca fue el mal desempeño en la entrevista. El problema fue el silencio que elegí después.
Lo que aprendí, en limpio
1. Entré a la cancha aunque no estaba listo
No lo digo como consejo de vida universal. Lo digo como descripción de lo que pasó: sin esa mentira en el CV, no había entrevista. Sin entrevista, no había ninguno de los aprendizajes que vinieron después.
Hay un momento en la carrera —especialmente al principio— en que tenés que entrar aunque no estés preparado. La experiencia no se consigue esperándola.
2. Vi de cerca cómo se entrevista bien
Ramiro fue correcto, cordial y respetuoso en todo momento. Hizo las preguntas justas. No humilló, no presionó de más.
Años después, cuando me tocó entrevistar a decenas de candidatos, entendí por qué nunca me escribió para dar novedades. Es completamente natural del otro lado del escritorio. Los procesos se caen. Las prioridades cambian. Los candidatos se acumulan. No es personal.
3. El seguimiento no es insistencia. Es carácter.
Este es el aprendizaje que más me costó aceptar. Porque implica reconocer una cobardía propia.
Si hubiera vuelto a escribirle a Ramiro —aunque no me hubieran elegido, aunque el proceso hubiera muerto en silencio— me hubiera llevado algo. Un feedback. Una conversación. Un vínculo. Sé, por cómo se manejó en la entrevista, que es de las personas que da devoluciones genuinas.
Preferí evitar el rechazo. Y esa elección me costó más que cualquier "no" que me pudiera haber dado.
El silencio es más caro que el rechazo
Las oportunidades no se cierran por un mal desempeño. Se cierran por el silencio que elegimos después.
Podés mentir en un CV. Podés no saber qué es un div. Podés no hablar inglés en una entrevista en la que dijiste que sí. Todo eso tiene solución.
Lo que no tiene solución fácil es el hábito de desaparecer cuando las cosas no salen como esperabas.
Dos horas de colectivo desde La Matanza merecían, al menos, un mail de seguimiento.
¿Cuántas oportunidades dejaste morir en silencio?
Preguntas frecuentes
¿Está bien mentir en un CV para conseguir una entrevista?
Depende del contexto y del nivel de la mentira. En este caso, exagerar habilidades técnicas abrió una puerta que de otra forma hubiera estado cerrada. El riesgo es real: podés quedar expuesto en la entrevista, como pasó acá. Pero la experiencia misma —aunque salga mal— puede ser más valiosa que no haberla tenido.
¿Qué hacer después de una entrevista en la que te fue mal?
Lo más importante es no desaparecer. Aunque sientas que no quedaste bien parado, un mail de seguimiento —agradeciendo el tiempo, preguntando si hay feedback— mantiene el vínculo abierto y demuestra madurez profesional. El silencio, en cambio, cierra definitivamente la puerta.
¿Cuánto tiempo esperar antes de hacer seguimiento después de una entrevista?
Una semana es un plazo razonable para escribir si no tuviste novedades. Un mensaje corto, sin presión, preguntando cómo sigue el proceso o si hay algo más que puedas aportar. No es insistencia: es profesionalismo.
¿Cómo manejar el rechazo después de una entrevista en una empresa que admirás?
El rechazo duele más cuando la oportunidad importa. Pero la clave es separar el resultado del vínculo: que no te hayan elegido para ese puesto no significa que la relación con esa persona terminó. Un buen entrevistador recuerda a los candidatos que se manejaron bien después del proceso, no solo durante.
¿Vale la pena postularse a empresas grandes sin tener toda la experiencia que piden?
Sí, y esta experiencia lo muestra con claridad. Las descripciones de puesto son listas de deseos, no requisitos excluyentes en todos los casos. Postularse igual —con honestidad sobre lo que sabés y lo que estás aprendiendo— es una apuesta que a veces da resultados inesperados.



